EMBRIOLOGÍA DE LAS GLÁNDULA MAMARIA

La Mama es una glándula anexa del tejido cutáneo. Presenta un origen embriológico ectodérmico, capa en la cual para la séptima semana, se pueden evidenciar las yemas primitivas de la glándula mamaria, que aparecen como dos engrosamientos entre las extremidades superiores e inferiores. En estos vestigios encontramos acumulos celulares que comienzan su diferenciación del resto de las células ectodérmicas en estrecha relación por el vestigio de la fascia superficial del músculo pectoral mayor. 

 

La localización de este vestigio de la glándula mamaria es muy importante para explicar la mayor parte de las alteraciones en el desarrollo. Como ya hemos mencionado, se encuentra entre las yemas de las extremidades superiores e inferiores, en la zona que corresponde a la axila y la ingle. Progresivamente se produce la elongación del tronco del embrión, produciendo la separación del primordio mamario a lo largo de  las llamadas líneas lácteas. A las 4 semanas aparecen de 8 a 10 pares de pequeñas estructuras nodulares a lo largo de las líneas lácteas, la confluencia de estas estructuras produce un reborde mamario que por la involución posterior desaparece, y hacia la semana 10 solo persiste un par de ellas hacia la región axilar.

 

En la mayor parte de las especies animales, los primordios mamarios persisten en mayor o menos cantidad, lo que explica la variabilidad en el número de mamas entre las diferentes especies de mamíferos. En los humanos, es posible que algunos de estos vestigios mamarios no involucionen, dando lugar a las mamas supernumerarias y tejido ectópico a cualquier nivel de las líneas lácteas.

 

Los primordios mamarios mantienen este patrón de desarrollo hasta la semana 20 aproximadamente cuando a partir de la epidermis comienzan a desarrollarse entre 14 y 24 cordones, que crecen en profundidad hacia el mesodermo, conservando una estructura sólida, que próximo al nacimiento es sustituido por un patrón tubular y muy ramificado. (1) En su incursión hacia el mesodermo, el tejido mamario (ectodermo), queda “infiltrado” y recubierto por el tejido mesodérmico del cual se originan la dermis, el estroma glandular y la aponeurosis superficial. (1)

Las primeras etapas del desarrollo mamario no dependen de la estimulación hormonal, pero hacia la semana 15 comienza un proceso de sensibilización a la testosterona, que finalmente culmina por producir los cambios necesarios para que aparezca el tejido mamario que luego crece hacia el mesodermo como se explico anteriormente. En los embriones masculinos, la estimulación por testosterona continua, por lo que el esbozo mamario con todas sus partes formadas solo crece en tamaño sin presentan mayor desarrollo glandular. En las mujeres, la falta de una constante estimulación con testosterona permite un proceso de canalización de los conductos epiteliales hacia la semana 20-24, hasta la aparición de los conductos galactóforos, y ya entre las semanas 32 y 40 se puede evidenciar un sistema tubular totalmente desarrollado, que pudiera presentar un aspecto histológico secretor por la estimulación con la prolactina y los estrógenos maternos o placentarios. (2)

En la última semana de gestación e incluso en los primeros momentos de vida, la parte terminal de los túbulos mamarios comienza a desarrollar su estructura alveolar como consecuencia de la intensa estimulación hormonal transplacentaria. (3) Sin embargo luego del nacimiento, el cese brusco de dicha estimulación produce en primer lugar  actividad secretoria capaz de manifestarse por el pezón (leche de brujas), para luego involucionar y adoptar nuevamente su estructura tubular en fondo ciego, típica de la infancia.

Durante el desarrollo embrionario de la mama, en el área correspondiente al pezón se forma una excavación denominada fóvea mamaria que persiste hasta el momento del nacimiento, de tal forma que en el recién nacido, el pezón se encuentra deprimido e incluso se palpa una zona reblandecida por detrás de él. En los primeros meses después del nacimiento, se produce una acelerada proliferación del  tejido conectivo, aumenta la pigmentación de la piel de la areola y se desarrollan las fibras de músculo liso a partir de las células mesenquimatosas vecinas. (4)