HISTOLOGÍA DE LA MAMA

 

La glándula mamaria es una glándula exocrina de estructura túbulo-alveolar que se constituye por la unión de 14 a 24 sistemas independientes de conductos muy ramificados (lóbulos), rodeados por un estroma fibroso y abundante tejido adiposo. Cada uno de ellos es producto de la ramificación de un conducto principal desde el pezón hasta los acinos. En la estructura de cada lóbulo mamario se pueden diferencias las siguientes estructuras.1) Conducto galactóforo, 2) Conductos segmentario, 3) Conductos subsegmentario, 4) Conductos  terminales y 5) Acinos. 

La unidad funcional de la glándula mamaria se denomina (Unidad ducto-alveolar terminal), y esta formada por el lobulillo y su conducto terminal. Este último esta dividido en dos segmentos diferentes, uno intralobulillar que recibe directamente los conductillos acinares, y otro extralobulillar. Los conductos terminales extralobulillares confluyen en los conductos segmentarios y estos se unen progresivamente hasta llegar al conducto principal o galactóforo que desemboca en la punta del pezón. En su parte terminal, muy cerca del pezón, el conducto galactóforo presenta una dilatación sacular (seno galactóforo) que facilita la salida de leche materna durante la succión. De esta forma el lóbulo mamario puede definirse como la confluencia de múltiples lobulillos hacia el mismo sistema excretor.           

Cada lóbulo mamario representa una estructura funcional y desemboca en el pezón mediante un orificio independiente, de tal forma que se pueden evidenciar tantos orificios como lóbulos mamarios existan. Sin embargo los lóbulos se encuentran estrechamente unidos por un firme tejido de sostén que dificulta la individualización durante una cirugía.

 

El tejido glandular tiene un origen embrionario ectodérmico, mientras que el estroma mamario que rodea los lobulillos y separa los lóbulos entre si, tiene un origen mesodérmico. Es importante recordar que durante el desarrollo de la mama, en las primeras semanas del embrión se produce el crecimiento de la estructura tubular desde el ectodermo hacia el mesodermo, y que el desarrollo y ramificación ulterior permite que el estroma mesodérmico quede rodeando toda la estructura glandular. Es por esta razón que en la mama se encuentran diferentes tipos de tejido pudiendo desarrollarse tumores malignos o benignos de cada uno de ellos. El conocimiento de la estructura microscópica de la mama y sus cambios fisiológicos es indispensable para comprender el origen histológico de la gran variedad de neoplasias benignas y malignas que podemos encontrar en la mama.

Los acinos y el lobulillo mamario

Los acinos representan la unidad secretora de la glándula mamaria, se trata de pequeñas estructuras saculares de forma esférica que se encuentran revestidas por un epitelio cúbico simple. Las células acinares sufren importantes cambios según el estado funcional de la mama, de tal forma que en reposo se observan como fondos de sacos, revestidos por el epitelio cúbico simple con núcleo ovalado y citoplasma claro. Estas células utilizan mecanismos de excreción merocrina y apocrina,  para liberar numerosas sustancias entre las que destacan los lípidos y las proteínas que constituyen la leche materna.

Por debajo de la capa de células cúbicas o cilíndricas se encuentran numerosas células aplanadas que contienen miofilamentos y que reciben el nombre de células mioepiteliales. Estas células por efecto reflejo durante la lactancia son estimuladas por la oxitocina y al contraerse favorecen la eyección del contenido hacia los conductos excretores.

 

 

Por debajo de la capa de células mioepiteliales se encuentra una membrana basal formada por un conglomerado de fibras colágenas y elásticas en proporciones variables. La membrana basal separa el epitelio glandular y la capa de células mioepiteliales del estroma circundante, y representa una prioridad para los patólogos, ya que la disrupción de esta capa en cualquier neoplasia representa la posibilidad de infiltración, mientras que la indemnidad de la membrana basal caracteriza al carcinoma ductal in situ, con un pronóstico y comportamiento biológico totalmente distinto. 

El estudio anatomopatológico incluye algunas coloraciones y reacciones a anticuerpos que facilitan identificar la membrana basal, como es el caso de la reacción inmunohistoquímica para colágeno tipo IV y laminina. Otras reacciones con anticuerpos contra actina y miosina permiten al patólogo identificar la capa de células mioepiteliales y así estudiar su indemnidad, lo que representa un dato complementario en el diagnóstico histológico de las biopsias de mama. 

Cada acino se continúa con un pequeño conducto de estructura histológica similar, revestido por el mismo epitelio cúbico y células mioepiteliales separadas del estroma por una membrana basal. A partir de este conductillo las células mioepiteliales son menos ramificadas y comienzan a presentar una orientación longitudinal. Todos los conductillos alveolares de un lobulillo confluyen hacia un conducto terminal. 

            El conducto terminal es considerado el componente inicial del sistema excretor de la mama pero forma parte del lobulillo. Como mencionamos anteriormente, tiene un segmento intralobulillar al cual desembocan directamente los conductillos acinares, y un segmento extralobulillar que conduce la secreción del lobulillo hacia el primer conducto segmentario. El conducto terminal tiene el mismo revestimiento epitelial que el acino, y como en el conductillo las células mioepiteliales son menos ramificadas y tienen orientación longitudinal.

Finalmente podemos observar grados variables de tejido fibrovascular laxo que rodea los acinos y que en conjunto son el estroma intralobulillar.

                       

 

Conductos excretores

El sistema excretor de la mama se encuentra constituido por múltiples conductos de tamaño creciente que confluyen en diferentes niveles hasta formar el conducto excretor principal. Los conductos terminales de cada lobulillo desembocan en los conductos subsegmentarios, estos confluyen en los conductos segmentarios (intralobulares) y finalmente hacia el conducto galactóforo. El revestimiento epitelial de estos conductos experimenta una sucesiva transformación desde un epitelio cúbico simple hacia uno cilíndrico simple, y finalmente en el galactóforo se hace estratificado. En los cortes histológicos donde se observa epitelio cilíndrico simple, es posible que los distintos niveles de los núcleos confieran una imagen sugestiva de epitelio pseudoestratificado que en realidad no existe. 

El revestimiento del conducto excretor principal (Galactóforo) es un epitelio de dos capas, una superficial de células cilíndricas y otra basal de células cúbicas, y cerca del pezón,  aproximadamente en los senos galactóforos se transforma en un epitelio plano estratificado sin queratina.            

Los primeros conductos del sistema excretor presentan células mioepiteliales cada vez más escasas y con una estructura poco ramificada.

 

 

Estroma mamario

Todo el tejido glandular ya descrito, desde el acino hasta la desembocadota en el pezón, se encuentra debidamente separado del tejido circundante (estroma) por la membrana basal. Esta estructura es un reforzamiento fibroso de los tejidos circundantes, que sirve de sostén al crecimiento y desarrollo del epitelio glandular.   

Los espacios entre los acinos del lobulillo están ocupados por el estroma intralobulillar, constituido por tejido conectivo laxo con abundantes fibras de colágeno, un infiltrado linfocitario muy característico y una rica red capilares sanguínea y linfática.6 Los espacios entre los lobulillos se encuentran ocupados por el estroma interlobulillar, que si bien no se delimita claramente del intralobulillar, esta constituido por tejido conectivo denso, rico en fibras de colágeno y elásticas que le confieren un aspecto diferente en las tinciones histológicas.  Otra característica diferencial entre el estroma mamario, es que el intralobulillar presenta una gran capacidad de responder a estímulos hormonales, mientras que el interlobulillar carece de esta propiedad. El tejido estromal que une los lóbulos entre si se denomina interlobular, y es importante ya que de él se proyectan fibras hacia la piel llamadas crestas de Duret y ligamentos de Cooper. 

El tejido adiposo representa otro importante componente de la mama. Aumenta su proporción con la edad, y puede variar con los cambios en el peso corporal de la paciente, siendo responsable en gran parte del aumento de tamaño mamario durante la pubertad y la madurez. Las células adiposas se encuentran en gran cantidad alrededor del tejido mamario y dentro de él en el estroma interlobular e interlobulillar.  En la práctica es importante saber que su proporción con respecto del tejido fibroglandular es responsable de las variaciones en la densidad mamaria de las mamografías. Entre mayor sea la cantidad de tejido adiposo, la densidad en menor.

En el estroma mamario se encuentra gran cantidad de vasos sanguíneos y linfáticos, nervios y una gran variedad celular como linfocitos, histiocitos, fibroblastos y células plasmáticas.

 Pezón, Areola y piel

El Pezón y la Areola están revestidos por un epitelio estratificado con queratina (escamoso), fuertemente pigmentado por lo que se diferencia fácilmente de la piel del resto de la mama. En la areola se pueden evidenciar numerosas glándulas cuya secreción protege y lubrica el pezón durante la lactancia, y que reciben el nombre de tubérculos areolares de Montgomery. El embarazo hipertrofia estas glándulas que persisten aumentadas de tamaño en forma constante, incluso después de finalizar la lactancia. El pezón tiene fibras musculares lisas distribuidas en forma longitudinal y circular,  que producen la erección refleja durante la lactancia y la estimulación sexual.5 Además la areola y el pezón presentan una rica red sensitiva responsable de la estimulación táctil que activa los reflejos de erección, así como aumenta la liberación de prolactina y oxitocina, permitiendo que la succión sea el principal estímulo para la producción y liberación de leche materna.

El resto de la piel de la mama no presenta ninguna distinción particular con respecto al resto del cuerpo, es un epitelio plano estratificado queratinizado, y contiene glándulas sudoríparas, sebáceas y folículos pilosos en cantidades variables.

 Cambios histológicos en respuesta

a la estimulación hormonal 

Ciclos menstrual

El ciclo menstrual se produce como consecuencia de las variaciones cíclicas de las concentraciones hormonales en la sangre. Así como los estrógenos y progestágenos actúan sobre el endometrio, también presentan un efecto directo sobre el tejido mamario, modificando sus características histológicas, especialmente en la etapa premenstrual cuando los niveles elevados de hormonas no han comenzado a descender.

 

Las hormonas femeninas producen cambios a nivel estromal y a nivel glandular. El estroma intralobulillar tiene la capacidad de modificar su volumen y composición, por lo que durante la menstruación sufre niveles variables de edema intersticial e infiltración por células inflamatorias. A nivel glandular se produce un incremento en el número de acinos con crecimiento y multiplicación celular preparando la mama para la producción de leche materna en caso de completarse la implantación del cigoto a nivel endometrial. Todos estos cambios explican la sensación de peso y aumento de volumen que experimenta la mujer como parte del llamado síndrome premenstrual.

 Los cambios menstruales suelen ser reversible, el líquido es reabsorbido y las células acinares sufren apoptosis por lo que la mama vuelve a su estado anterior

 

Embarazo y lactancia

 La estructura mamaria normal, que describimos anteriormente corresponde a una mujer nulípara, y presenta sustanciales diferentes con las características histológicas de la mama durante el embarazo y la lactancia. Es durante la gestación que se producen los cambios finales que completan la maduración funcional del lobulillo, apareciendo  grandes cantidades de acinos que le confiere el aspecto que muchos autores describen como “racimos de uvas”. 

El edema estromal y la hipertrofia acinar que caracterizan la etapa premenstrual, se magnifican en caso de completarse el embarazo ya que los niveles hormonales se mantienen e incrementan a lo largo de todo el embarazo.

En el primer trimestre se produce fundamentalmente un crecimiento acelerado de todo el sistema de ductos mamarios, aumentan su diámetro e incluso el número de ramificaciones terminales, de las cuales se originan nuevos acinos mamarios. Sin embargo hasta este momento los acinos presentan una luz relativamente pequeña y escaso contenido, pero hacia los últimos meses del embarazo, ya no se produce mayor crecimiento ductal, y comienza un acelerado proceso de hipertrofia e hiperplasia celular a nivel acinar. Este proceso convierte las células cúbicas que caracterizan el acino de la mujer no gestante, en células cilíndricas de base ancha y con gran cantidad de vacuolas en el citoplasma. Además la luz del acino mamario se torna amplia y se comienza a evidenciar una secreción proteica que llena los ductos progresivamente (calostro).

 Todos estos cambios caracterizan la mama de una mujer gestante que aun no inicia el período de lactancia en forma activa. Una vez iniciada la lactancia materna la característica más importante desde el punto de vista histológico de la mama es la variabilidad en el estado funcional del acino, de tal forma que se pueden encontrar acinos distendidos o acinos vacíos con importantes cambios a nivel celular. Los acinos vacíos presentan una luz disminuida, con células epiteliales cilíndricas, un poco superpuestas, núcleo claro, redondeado y de localización basal, y un citoplasma eosinófilo. Cuando la luz se llena de leche  se produce un ensanchamiento acinar y las células epiteliales se aplanan pasando de cilíndricas a cúbicas, su citoplasma se encuentra lleno de grandes vacuolas que incluso protuyen hacia la luz acinar. Se trata de las vacuolas de secreción de lípidos de la leche materna.

 Los lípidos de la leche materna son sintetizados a nivel del retículo endoplasmático rugoso, de este se liberan al citoplasma conformando vacuolas que crecen progresivamente, mientras migran hacia el extremo apical de la célula, donde son liberadas hacia la luz recubiertas por una delgada capa de citoplasma celular (secreción apocrina). Las proteínas de la leche materna también se sintetizan en el retículo endoplasmático rugoso, pero no se liberan al citoplasma en forma de vacuolas, sino que pasan el aparato de Golgi, donde se acumulan dentro de pequeñas vesículas que luego son liberadas hacia la luz acinar por mecanismos de exocitosis (secreción merocrina).

 Todo este acelerado proceso de crecimiento glandular produce un aumento en la proporción de tejido glandular, que se pone de manifiesto en los cortes histológicos y que en la mamografía  se traduce como una densidad mamaria elevada.

Clínicamente los cambios histológicos, producen un considerable aumento de volumen y peso de la mama, turgencia por plenitud ductal e incluso molestias o dolor leve a la  exploración. A nivel del pezón se produce un aumento en las fibras musculares lisas, aumento de tamaño y eversión total incluso de algunos casos en que el pezón estuvo invertido previamente. Los límites de la areola aumentan, por hiperpigmentación de la piel circundante, y se produce una hipertrofia de las glándulas de Morgagni.   Los orificios en el pezón, que suelen estar obstruidos, se hacen permeables y fluye el calostro a través de ellos. 

Después de la lactancia, disminuyen las influencias hormonales y finalmente se produce cierta regresión del estado histológico de la mama, por apoptosis, degeneración celular y fagocitosis por parte de los macrófagos estromales, disminuyendo considerablemente el número de acinos e incluso la cantidad de ductos mamarios. Sin embargo, no llega a tener iguales características que en su estado previo al embarazo, persistiendo cierto aumento en la cantidad y tejido mamario así  como gran parte de cambios en el complejo areola-pezón.

 La mama de la mujer nulípara, contiene mayor cantidad de estroma interlobulillar que de tejido glandular, pero luego del embarazo, la gran proliferación de tejido glandular invierte esta relación, de tal forma que en los cortes histológicos se evidencian grandes cantidades de tejido lobulillar con relativamente poco tejido estromal. La involución que se produce después de la lactancia, no es suficiente para revertir nuevamente esta relación, sino hasta la menopausia como consecuencia de la atrofia del tejido mamario y su sustitución con tejido adiposo.

 Menopausia e involución mamaria

 La menopausia representa desde el punto de vista funcional, la finalización en la estimulación hormonal sobre el tejido mamario, de tal forma que se produce una involución progresiva desde la periferia hacia el centro glandular. A nivel acinar comienza un proceso de muerte celular con fagocitosis activa por parte de células inflamatorias y una progresiva sustitución de estos tejidos por fibras de colágeno y posteriormente por tejido adiposo. La atrofia lobulillar se acompaña de una obliteración de los conductos de pequeño y mediano tamaño.

Los cambios que la mama sufre con la edad son definitivamente de tipo involutivos, pudiendo registrarse atróficas glandular incluso desde inicios de la edad adulta mucho antes de la menopausia y sin relación con la actividad  ovárica. Es por esta razón que deben existir otros factores involucrados en la involución de la mama y no solo es consecuencia de las influencias hormonales que definitivamente juegan un papel muy importante. Se registra una progresiva disminución en el número de células acinares y en el tamaño de los lobulillos, seguido poco tiempo después de atrofia en los ductos mamarios. La disminución del tejido glandular es acompañada por una progresiva disminución de tejido conectivo (fibroso), por lo que la mayor parte de los autores coinciden en que desde el punto de vista histológico es conveniente agrupar ambos grupos con el término de tejido fibroglandular.

En contraposición al tejido fibroglandular, se produce un progresivo predominio de tejido graso, que no esta claro si se debe a un aumento histológico en la concentración de células adiposas, o realmente se debe a un aumento general de peso experimentado al mismo tiempo por la mayor parte de las mujeres. Incluso en algunas pacientes, la cantidad de tejido adiposo puede permanecer estable, aumentando en proporción solo como consecuencia de la disminución del tejido fibroglandular.

 

La consecuencia clínica de la variación en las proporciones de los diferentes tejidos de la mama, produce una importante variación en la densidad mamográfica. De tal forma que las mamas de mujeres jóvenes suelen tener mayor densidad que las de mujeres mayores, lo que aumenta la sensibilidad de la mamografía con la edad. La ecografía mamaria ha representado una herramienta muy útil a la hora de evaluar las mamas densas, ya que así como la densidad se asocia con dificultad en la interpretación mamográfica, mejora la transmisión ultrasónica del parénquima y facilita la interpretación ecográfica de las posibles lesiones.

El siguiente gráfico ilustra el porcentaje de cada uno de los tejidos a lo largo de la vida.

 

   



REFERENCIAS

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